Intento ser como el tejón de "El viento entre los sauces", símbolo del sentido común, el coraje y la determinación, sabio ermitaño, leal con sus amigos, amante del buen tiempo y de los rayos del sol, y busco el equilibrio entre lo que yace bajo la tierra y lo que descansa sobre ella.

Intento ser como el tejón de "El viento entre los sauces",simbolo del sentido común,el coraje y la

26/9/11

POZO DE LA ARBENCIA


No importa la fecha, ni la época del año ni una escusa especial para subir al Pozo de La Arbencia, lo que importa es hacerlo en buena compañía.

Pasan las horas volando, los kilómetros se hacen cortos, y hasta el río con sus aguas que discurren por el fondo del barranco quieren participar en la conversación.

Y hablamos, vaya que si hablamos, de batallas por dar, del Camino y de las conchas de peregrinos, de no mentir jamás y de tantas cosas más, y por no querer regresar por donde habíamos subido, nos cogió la noche y cantaban los carabos cuando llegamos a las callejuelas empedradas y oscuras del pueblo.

21/9/11

FUTURO INCIERTO


En el reloj del campanario de la iglesia hace un rato que sonaron las siete y media.

Ha comenzado el nuevo curso y cada día cuando me dirijo al trabajo me los encuentro esperando en la parada al autobús escolar.

Unos comienzan este año, aún no están acostumbrados a madrugar y andan con la pesada mochila a la espalda como topos debajo de tierra con los ojos medio cerrados.

Los hay un poco más veteranos y algún repetidor que trata de impresionar a los novatos encendiendo con cierta chulería el primer pitillo del día.

Algunas cosas parece que nunca cambian y ellas siguen llevando carpetas de colores llamativos con fotos de sus ídolos, y coquetean y ríen con miradas complices y furtivas.

Hay quien espera sentado y mata el tiempo jugando con el móvil y hay uno que todos los días me llama poderosamente la atención, está como desconectado del mundo, apartado y un poco más alejado se sienta en la escalera que hay a la entrada del cajero automático y con un libro abierto entre sus manos, lee, aprovechando la luz del letrero de neón, y aunque parece estar muy concentrado es el único que contesta a mis, "buenos días".

Sigo mi camino y mi cabeza se llena de interrogantes

Dicen los analistas que las nuevas generaciones por primera vez tendrán un nivel de vida inferior al de sus padres, los estados y la "globalización" solo ofrece a estos jóvenes recortes y austeridad.
¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿.

16/9/11

LA REVOLUCIÓN

En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa. Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí. Durante un tiempo me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver.

Llegué a la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación central e inmutable.

Trasladé la mesa allá y la cama en medio. El resultado fue inconformista. La novedad volvió a animarme, y mientras duró me conformé con la incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía dormir con la cara vuelta a la pared, que siempre había sido mi posición preferida.

Pero al cabo de cierto tiempo la novedad dejó de ser tal y no quedó más que la incomodidad. Así que puse la cama aquí y el armario en medio.

Esta vez el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de una habitación es más que inconformista. Es vanguardista.

Pero al cabo de cierto tiempo… Ah, si no fuera por ese “cierto tiempo”. Para ser breve, el armario en medio también dejó de parecerme algo nuevo y extraordinario.

Era necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisión terminante. Si dentro de unos límites determinados no es posible ningún cambio verdadero, entonces hay que traspasar dichos límites. Cuando el inconformismo no es suficiente, cuando la vanguardia es ineficaz, hay que hacer una revolución.

Decidí dormir en el armario. Cualquiera que haya intentado dormir en un armario, de pie, sabrá que semejante incomodidad no permite dormir en absoluto, por no hablar de la hinchazón de pies y de los dolores de columna.

Sí, esa era la decisión correcta. Un éxito, una victoria total. Ya que esta vez, “cierto tiempo” también se mostró impotente. Al cabo de cierto tiempo, pues, no sólo no llegué a acostumbrarme al cambio -es decir, el cambio seguía siendo un cambio-, sino que al contrario, cada vez era más consciente de ese cambio, pues el dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo.

De modo que todo habría ido perfectamente a no ser por mi capacidad de resistencia física, que resultó tener sus límites. Una noche no aguanté más. Salí del armario y me metí en la cama.

Dormí tres días y tres noches de un tirón. Después puse el armario junto a la pared y la mesa en medio, porque el armario en medio me molestaba.

Ahora la cama está de nuevo aquí, el armario allá y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario.

Slawomir Mrozek

¿Tendremos que cambiar algo para que todo siga igual?
Yo hace tiempo que quiero introducir algunos cambios en el blog y no se que hacer. Se admiten sugerencias.

9/9/11

LA CARACOLA DE MAR


Román aguardaba con impaciencia el mal tiempo del verano tropical, para lanzarse en la búsqueda del tesoro que el mar arrojaba a la playa, compuesto por decenas de esas pequeñas joyas naturales, llamadas “conchas de mar”. Él era todo un coleccionista.

Cuando el día llegó, el joven Román, solicitó la compañía y ayuda de su gran amigo de parranda Caleb. Ambos buscaban en la orilla del mar y los alrededores. Caleb, miraba entre las matas intrincadas y espesas, cuando de pronto, encontró una caracola vacía. Esta caracola, llamó la atención de los dos jóvenes, por que estaba pintada a mano con finos acabados en relieve, que recordaba las piezas representativas de la cerámica indígena que hubo en esa región.

La caracola de mar, fue observada por muchas personas en el pueblo. Algunos decían, que era un elemento que formaba parte del patrimonio cultural del país y que era mejor llevarlo a la capital; otros comentaban, que debía quedarse en aquella población y por votación ganó la segunda opción.

Ásael, quien era en el pueblo el hombre más sabio, escudriño cuidadosamente el artículo encontrado y fue quien descubrió el misterio de la “oreja de mar”. Y dijo: - La Caracola al ser puesta en el oído, evoca los sonidos de las olas del mar, por que ella conoce los sonidos escondidos y el movimiento de todas las aguas, pero esta caracola es especial. He descubierto que cada vez que se coloca en la oreja, en lugar de dejarte oír el mar, lo que oyes es tu conciencia, que es el conocimiento interior del bien y del mal. Efectivamente, todos quisieron comprobar lo dicho por Ásael

- El primero en probar esto fue el cura Eliseo, y La Caracola le dijo al oído: Tu conciencia está tranquila, por que hacer el bien, parecerse a Dios es.
- El segundo turno fue para Don Clemente, el hombre más rico del pueblo:- “Dinero sin caridad, es pobreza de verdad”. – Manifestó La Caracola.
- A Caleb le profirió: - Cuando estás borracho aunque turbio hablas claro, pero el borracho que pretende ser valiente se ríe la gente.
- Y a Román La Caracola le exclamó: - Juegas y apuestas mucho y jugar limpio es bueno para tu conciencia, pero es malo para tu bolsillo.
- Al Alcalde le expresó: -Cuida más tu conciencia que tu inteligencia, por que lo más grave es no tener conciencia de ninguna
- Al mercader del pueblo le dijo: En tu mundo de negocios, si buen consejo tomaras, buen gallo te cantara.
A una niña le contó: Tu buena conciencia te sirve de almohada.
- Y al abogado comentó: - A veces, lavándonos las manos, nos ensuciamos la conciencia.

Con la Caracola de mar, todos los aldeanos iban escuchando lo que la conciencia les decía, pero resulta ser, que la conciencia es la verdad del ser; así que al pasar el tiempo, la Caracola terminó como adorno para centro de mesa de la Alcaldía del pueblo, porque "Boca de verdades, cien enemistades".


Me gustó este cuento que leí aquí y se me ocurrió que quedaba bien con las fotos de esta caracola que encontré ayer.

3/9/11

HAYEDO Y PRADERÍAS DE RUYEMAS


Llevo más de una semana "barruntado" no se qué, con la garganta mal, aftas en la boca, infección en un oído, estress... vamos que los años no pasan en balde y como a los tejados viejos me empiezan a salir goteras.
Dicen que al cuerpo hay que darle siempre lo que pide y a mi me pedía darme una paliza y para ello me apunté a una de las rutas guiadas por los Espacios Naturales Protegidos de Cantabria que organiza el Centro de Interpretación del Parque Natural de los Collados del Asón.
Los Miradores de Castro Valnera, uno de los montes emblemáticos de Cantabria, más de 1700 metros de altitud, 6 1/2 h, 12 kms de longitud y 630 metros de desnivel, dificultad alta. No pudo ser, la espesa niebla que a veces parecía lluvia nos lo impidió.

Habíamos quedado en la plaza de La Vega de Pas y tras los primeros momentos de frustración, las guias optaron por hacer una ruta por cotas más bajas y de menos duración. Nos acercamos hasta Pandillo y desde este coqueto puente de piedra iniciamos la ruta que nos lleva hasta las praderías y el hayedo de Ruyemas.

Tras una brusca ascensión inicial, pronto llegamos a unos cabañales donde además de la niela y el rocío reinan el verde, los musgos, el brezo, los helechos.....y el silencio, solo interrumpido por el son de algún campano de vacas que no vemos y el canto del pito real que tampoco vemos pero que con su canto ya ha puesto en guardia al resto de los pájaros avisando que hay intrusos en el bosque.
Montones de piedras indican que estamos en una de las zonas que mejor se conservan donde y desde hace cientos de años el hombre domestico la montaña y sus pindias laderas, convirtiéndolas en ricos pastizales para el ganado y aun convive en perfecta armonía con la naturaleza que nos rodea.

Piedras con las que cercaba los prados, encachaba caminos y senderos y construía casas y cabañas con sus tejados de lastras y balconadas de madera como las que se ven en las fotos que en esta época del año están vacías pues el ganado todavía tiene pasto en los prados más altos.
Todas las casas tienen su fresno al lado pues el pueblo pasiego antes de ser cristianizado daba culto a los elementos más naturales y el fresno protegía de las tormentas y de la brujería. No es el caso del de la foto que ha sucumbido al paso de los años y a ido a caer sobre la cabaña que guardaba.



Mi cabeza no es capaz de procesar toda la información que nos dan las guias y cuando veo estos prados me pregunto si no se inspirarán los diseñadores de jardines en estas laderas cubiertas de forma natural de avellanos, robles, mostajos, hayas, fresnos y abedules.


Metidos de pleno en el hayedo nos muestran las guias este haya que está catalogado como un árbol melero pues su agrietado tronco era aprovechado por las abejas para construir sus colmenas y elaborar la rica miel de brezo y del resto de las flores que nos encontramos por las orillas del sendero.
Esta miel se cosechaba ahuyentando con humo a las abejas para poder acceder a los panales de miel y todavía se ve el interior del tronco ennegrecido. Otra muestra más de como se pueden aprovechar los recursos naturales sin perjudicar a la naturaleza pues ha sobrevivido y como él quedan catalogados en Cantabria algunos ejemplares más por la comarca de Soba.
Caminamos entre sombras pero no puede haber sombras donde no hay luz y algún rayo de sol se cuela en el claro del bosque.
El hayedo de Ruyemas es singular porque rompe con la imagen que tengo de un hayedo con el suelo mullido de hojas secas y árboles viejos descomponiéndose.
Aquí el suelo forma un soto bosque cubierto de arándanos, ese sabroso fruto que tan bien acompaña a la tarta de queso pero que los pájaros y el resto de animalillos del bosque se han encargado de no dejar ni muestra que llevarme a la boca.
La mañana va pasando y la niebla sigue sin abandonar las cumbres más altas por lo que pienso que ha sido acertado no correr riesgos inútiles y disfrutar de todo lo que el hayedo y las guias nos enseñan.
Es admirable el esmero y el cuidado que ponen por que no dejemos huellas de nuestro presencia.
Saliendo ya de la espesura del hayedo el suelo se cubre de flores de brezo y hasta los oídos llega el zumbido de las abejas que trabajan sin descanso recolectando el polen de las flores. Huele a miel.
Las veces que habré oído decir "hay que tener agallas" y aquí están, estas son las agallas del haya.
Dentro de esa especie de lágrima se está desarrollando el huevo que una avispa puso sobre la hoja y el árbol como método de defensa para que no se secara la hoja envolvió facilitando que una nueva avispa vea la luz, dándonos otro ejemplo de convivencia en armonía.


Como de setas y de hongos soy un ignorante aquí dejo algunas fotos de algunas de las muchas y vistosas por las formas y colores variedades que se pueden encontrar en un hayedo. Si alguno las conocéis podéis poner el nombre.
Han sido solo cinco kms de camino pero ha merecido la pena. Volvemos al punto de partida, el escaso caudal del río sigue su camino y dejamos pendiente subir otro día a Castro Valnera.

1/9/11

PERCEBES






Primer día de septiembre, soleado y con la mar en calma, paseando por la orilla veo a lo lejos dentro del agua como avanza lentamente un pescador de percebes que apenas puede con la carga.
Hace más de media hora que desde arriba en el acantilado, desde un Land Rover verde le están observando con unos prismáticos.
Ya le faltan pocos metros, está agotado y no desecha la ayuda que le presto para sacar el saco hasta la arena seca, me pide que le ayude a quitarse las mangas ceñidas al cuerpo del traje de goma,
- "Tira con fuerza, no importa si me rompes un brazo".
- "Estoy agotado, que hambre tengo".
- Me parece que arriba te están esperando.
- "Ya los he visto, pero se van a joder porque tengo licencia, podían bajar a echarme una mano,y ayudarme a cargar con el saco".
Esta escena la he vivido hoy en la playa y no he podido evitar recordarme de mi padre, un gran aficionado que fue al marisqueo y que debido a los tremendos esfuerzos que se vio obligado a hacer para rescatar de los golpes del mar a un compañero, acarreo durante años con una hernia de esófago.
A punto estuvieron de perecer ahogados los dos, desde aquel día no volvió a pescar percebes.
Calcula el pescador que ha cogido unos cuarenta kilos y me dice que los tiene vendidos a 70 Euros el kilo.
Y aún habrá quien diga que los percebes están caros.